A tiny travel
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Linzie_queen
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–Mamá que haces con esa maleta, ¿nos vamos a algún lado? –preguntó Carlos.
Carlos es un chico de 15 años, caucásico, delgado, bajito y con cara de niño, no le ha salido nada de vello facial, lo que le hace aparentar mucha menos edad.
–Claro que si Carlos, nos vamos a la playa unos días, al apartamento, así que quédate aquí, para preparar la ropa que te vas a llevar –responde su madre, una mujer llamada Clara.
La mamá de Carlos es una mujer joven y hermosa de 32 años, 1.75m. De estatura, copa C, también es caucásica, tiene el cabello largo y rubio. Ella es muy estricta con Carlos, en casa se hace lo que ella dice y no teme usar la disciplina con su hijo.
Entonces Carlos se dirige a su cuarto y coge 4 bañadores largos, de esos que llegan por encima de la rodilla, 4 camisetas, 4 pantalones, etc.
–Mamá ya está, me quiero llevar esto –anuncia Carlos.
–A ver Carlos… ¿cómo tengo que decírtelo? Hazme el favor de llevar esos bañadores a tu cuarto, solo desnúdate, que te he comprado ropa y quiero que te la pruebes.
–Pero me da vergüenza que me veas desnudo, mamá.
–Mira Carlos, quiero salir después de comer hacia el apartamento, que son varias horas de coche, hazme el favor de comportarte.
Carlos, muy avergonzado, obedece y se quita la ropa poco a poco, quedándose desnudo frente a ella.
–Vale, ponte estas 4 camisetas –dice Clara entregándoselas.
Carlos toma las camisetas y una a una se las prueba, estaban un poco hechas bola por lo que tardó un poco en colocarse cada una aumentando su vergüenza por estar desnudo.
–Te quedan bien –dice Clara mientras lo observa probárselas–. Las meto a la maleta hijo… y yo creo que ya, con 4 camisetas tienes.
–¡Pero mamá! ¿Solo camisetas? ¿Y bañadores y pantalones para mí qué?
–Carlos vamos a ir solo unos días y me niego a estar poniendo lavadoras con tus bañadores y demás. Además vamos a ir sino muy justos en el coche.
–No pienso ir desnudo a la playa, tengo 15 años.
La playa a la que van es una playa normal, no es nudista, pero Carlos tiene un pequeño problema; su pene es muy pequeño, casi como el de un niño de 7 años.
Pero el verdadero problema es que su madre piensa que por ello, no necesita cubrirlo.
–Mira Carlos, muchos niños y niñas pequeños van sin bañador a la playa, es normal verlos desnudos jugueteando por ahí.
–Ya mamá pero yo tengo 15 años –réplica Carlos casi olvidando que aun sigue desnudo.
–Carlos, ¿otra vez con la discusión de todos los años? Mira tu pene, ¿crees que eso es un pene de un chico de 15 años? Pues no. La única pega son los pocos pelos que tienes, pero te he pedido cita en la estética que hay en la planta baja del edificio para que te los quiten.
–Pero mamá...
–Ni pero ni pera, da gracias que te he comprado este bañador por si algún día quiero que te lo pongas o por si vamos a algún centro comercial. ¡Pruébatelo, toma!
Clara, realmente ha comprado un bikini, y lo que le da es la parte de debajo de un bikini, es blanco, talla 10 años.
–Mamá, no creo que me valga…
–¡Vamos, póntelo!
Carlos no tiene opción y se lo pone, piensa que es mejor cubrirse aunque sea un poco, en lugar de seguir parado, completamente desnudo frente a su madre.
–Mamá se me marca un poco la polla dice luego de mirar sus partes dentro del bikini.
–Carlos, se llama pito, pene o pilin, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? Una polla es un pene de verdad, el de un hombre de verdad. El bañador te queda bien, quizá un poco justo porque enseñas mucho desde el ombligo hacia abajo pero bien, sirve.
Carlos sigue mirando su bañador, le preocupa que su madre en verdad quiera llevarlo así a la playa.
–Te he comprado 2, ese y también uno rojo.
–Pero mama, no me gusta, es blanco, puede transparentarse.
–No digas tonterías y vístete, que vamos a bajar a la planta baja a la estética.
Carlos toma su ropa y se dispone a vestirse en su habitación, pero es detenido por las palabras de su madre.
–¿Se puede saber a dónde vas?
–A mi habitación, a vestirme.
–Nada de eso jovencito, es una pérdida de tiempo, vístete aquí, total, ya estas desnudo, actúas como si no te hubiera visto así antes.
–Aún así, me da vergüenza.
–Obedece que vamos tarde a la cita, ¿o quieres que te castigue?
–Está bien mamá, ya voy.
Carlos se viste frente a su madre intentando darle la espalda para que ella no vea más su diminuto pene y que no haga más comentarios al respecto.
–¿Ya estás listo? –pregunta ella al verlo terminar.
–Si mamá pero… no entiendo porque tengo que bajar a depilarme, no quiero depilarme.
–Vas a depilarte porque lo digo yo que soy tu madre y punto, ¡vamos!
–Vale mama…
Carlos es un chico de 15 años, caucásico, delgado, bajito y con cara de niño, no le ha salido nada de vello facial, lo que le hace aparentar mucha menos edad.
–Claro que si Carlos, nos vamos a la playa unos días, al apartamento, así que quédate aquí, para preparar la ropa que te vas a llevar –responde su madre, una mujer llamada Clara.
La mamá de Carlos es una mujer joven y hermosa de 32 años, 1.75m. De estatura, copa C, también es caucásica, tiene el cabello largo y rubio. Ella es muy estricta con Carlos, en casa se hace lo que ella dice y no teme usar la disciplina con su hijo.
Entonces Carlos se dirige a su cuarto y coge 4 bañadores largos, de esos que llegan por encima de la rodilla, 4 camisetas, 4 pantalones, etc.
–Mamá ya está, me quiero llevar esto –anuncia Carlos.
–A ver Carlos… ¿cómo tengo que decírtelo? Hazme el favor de llevar esos bañadores a tu cuarto, solo desnúdate, que te he comprado ropa y quiero que te la pruebes.
–Pero me da vergüenza que me veas desnudo, mamá.
–Mira Carlos, quiero salir después de comer hacia el apartamento, que son varias horas de coche, hazme el favor de comportarte.
Carlos, muy avergonzado, obedece y se quita la ropa poco a poco, quedándose desnudo frente a ella.
–Vale, ponte estas 4 camisetas –dice Clara entregándoselas.
Carlos toma las camisetas y una a una se las prueba, estaban un poco hechas bola por lo que tardó un poco en colocarse cada una aumentando su vergüenza por estar desnudo.
–Te quedan bien –dice Clara mientras lo observa probárselas–. Las meto a la maleta hijo… y yo creo que ya, con 4 camisetas tienes.
–¡Pero mamá! ¿Solo camisetas? ¿Y bañadores y pantalones para mí qué?
–Carlos vamos a ir solo unos días y me niego a estar poniendo lavadoras con tus bañadores y demás. Además vamos a ir sino muy justos en el coche.
–No pienso ir desnudo a la playa, tengo 15 años.
La playa a la que van es una playa normal, no es nudista, pero Carlos tiene un pequeño problema; su pene es muy pequeño, casi como el de un niño de 7 años.
Pero el verdadero problema es que su madre piensa que por ello, no necesita cubrirlo.
–Mira Carlos, muchos niños y niñas pequeños van sin bañador a la playa, es normal verlos desnudos jugueteando por ahí.
–Ya mamá pero yo tengo 15 años –réplica Carlos casi olvidando que aun sigue desnudo.
–Carlos, ¿otra vez con la discusión de todos los años? Mira tu pene, ¿crees que eso es un pene de un chico de 15 años? Pues no. La única pega son los pocos pelos que tienes, pero te he pedido cita en la estética que hay en la planta baja del edificio para que te los quiten.
–Pero mamá...
–Ni pero ni pera, da gracias que te he comprado este bañador por si algún día quiero que te lo pongas o por si vamos a algún centro comercial. ¡Pruébatelo, toma!
Clara, realmente ha comprado un bikini, y lo que le da es la parte de debajo de un bikini, es blanco, talla 10 años.
–Mamá, no creo que me valga…
–¡Vamos, póntelo!
Carlos no tiene opción y se lo pone, piensa que es mejor cubrirse aunque sea un poco, en lugar de seguir parado, completamente desnudo frente a su madre.
–Mamá se me marca un poco la polla dice luego de mirar sus partes dentro del bikini.
–Carlos, se llama pito, pene o pilin, ¿cuántas veces tengo que decírtelo? Una polla es un pene de verdad, el de un hombre de verdad. El bañador te queda bien, quizá un poco justo porque enseñas mucho desde el ombligo hacia abajo pero bien, sirve.
Carlos sigue mirando su bañador, le preocupa que su madre en verdad quiera llevarlo así a la playa.
–Te he comprado 2, ese y también uno rojo.
–Pero mama, no me gusta, es blanco, puede transparentarse.
–No digas tonterías y vístete, que vamos a bajar a la planta baja a la estética.
Carlos toma su ropa y se dispone a vestirse en su habitación, pero es detenido por las palabras de su madre.
–¿Se puede saber a dónde vas?
–A mi habitación, a vestirme.
–Nada de eso jovencito, es una pérdida de tiempo, vístete aquí, total, ya estas desnudo, actúas como si no te hubiera visto así antes.
–Aún así, me da vergüenza.
–Obedece que vamos tarde a la cita, ¿o quieres que te castigue?
–Está bien mamá, ya voy.
Carlos se viste frente a su madre intentando darle la espalda para que ella no vea más su diminuto pene y que no haga más comentarios al respecto.
–¿Ya estás listo? –pregunta ella al verlo terminar.
–Si mamá pero… no entiendo porque tengo que bajar a depilarme, no quiero depilarme.
–Vas a depilarte porque lo digo yo que soy tu madre y punto, ¡vamos!
–Vale mama…
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Linzie_queen
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Chapter 2
Ambos salen del departamento y Carlos camina hacia el elevador.
–Carlos no cojas el ascensor, no sirve desde en la mañana, además son solo dos pisos…
Bajan por las escaleras y llegan a la clínica de belleza, en el 1º C.
Clara y Carlos entran a la sala de espera de la estética, pues son viejos amigos de la dueña, Celia, y su hija, Sara.
Al llegar, son recibidos por Celia y los hace pasar a una de las habitaciones.
–Hola Clara, hola Carlos, ¿cómo va todo? Pasen –dice Celia.
Celia es una mujer de 32 años, 1.75m. pecho abundante, copa D, es caucásica, tiene el cabello largo y castaño, y al igual que su hija, ella es muy amable.
–Muy bien Celia, venía para que depilaras a mi hijo como te había dicho antes.
–Sí, sí, vamos un poco retrasadas, que solo estamos Sara y yo. Mira Clara, acá entre nos, Sara es muy lenta… Me dijo que quería ganarse un poco de dinero en verano así que le dije que si quería, podía trabajar conmigo, así yo podría darles sus vacaciones a mis empleadas, así que por cada hora trabajada le doy un dinerillo. Pero mira, será mi hija, pero es muy lentita.
–Jajaja te entiendo perfectamente –contesta Clara.
–Carlos, ¿y tú que tal, vienes a ponerte guapo para la playa eh?
–Bueno… –Carlos no puede terminar.
–Sí, a depilarse para estar guapo –interrumpe su madre–. Una cosa Celia, ¿al final sí van a venir a la playa tú y Sara conmigo y Carlos?
El color de la cara de Carlos se vuelve rojo al oír esto, él no sabía que Celia y Sara fueran a ir.
–Sí, sí, salimos esta tarde, ¿no?
–Así es, ahora dile a mi hijo que los chicos depilados molan y que no duele, porque le veo con un poco de miedo jaja.
–Carlos mira, el año pasado te depilaste también y no pasó nada. No duele, además ahora que vamos a ir a la playa hay que estar depilado para tomar el sol. De hecho, Sara y yo nos hemos depilado esta mañana.
–S... Sí, bien... Pero... ¿Ustedes irán en el mismo auto que nosotros? ¿A la misma playa?
–Sí, ¿no sabías nada? jeje. Mismo auto, misma playa, mismo hotel, ¡mismo todo! No tienes problema con eso, ¿o si cariño? –pregunta Celia.
–No, no, para nada, es solo que no sabía –responde él intentando no ser grosero.
Celia sonríe y se da media vuelta para tomar unas cosas de la estética.
En ese momento, Carlos aprovecha para acercarse a su madre y susurrarle al oído.
–Mamá, me niego a ir desnudo a la playa y menos delante de ellas 2.
–Anda hijo, cállate o ya sabes le que te espera –contesta Clara también en voz baja–. Bueno, entonces... ¿cómo va la espera Celia? –pregunta con un tono más alto.
–Pues yo estoy con una mujer en rayos UV, y tengo una limpieza facial y pufff tardaré un rato, pero si quieres Sara puede depilar a Carlos, ella está acabando con las cejas de una señora… lleva 20 minutos… vaya que es lenta…
–Yo prefiero que me depiles tu Celia, que Sara tiene la misma edad que yo y me da vergüenza.
–Mira hijo, no digas tonterías. La cita la saqué muy apresurada y ellas me hicieron favor de hacerte un espacio.
-Bueno, pero…
–Sin peros jovencito, vas a agradecer el favor que nos hacen y te callas.
Carlos agacha la cabeza y siente como el rubor de su cara aumenta. Sara, su amiga de la infancia lo va a ver desnudo, y todo gracias a su madre, que no entiende todo el pudor que siente a su edad.
–Pueden tomar asiento en la sala de espera, en cuanto termine mi hija los llamo.
–Claro que sí, gracias Celia –responde Clara.
Celia sale de la habitación y entra a una sala contigua, en donde está su clienta con los rayos UV.
Clara y Carlos salen también pero directo a la sala de espera, donde se sientan y aguardan a que Celia los llame.
En la sala se encontraban varias personas que también esperan su turno.
Había un hombre de unos 40 años, acompañado de una hermosa jovencita de 20 años. Había también grupo de chicas de unos 15 años, ellas eran 5, y probablemente iban para ser arregladas para una fiesta de XV años.
Unos cuantos asientos a un lado, estaba un chico de unos 16, junto con su hermano de 7, quienes de seguro esperaban a su madre salir de su tratamiento UV.
Por último, en el otro extremo de la sala, había dos mujeres de unos 30 años, aproximadamente, y no muy lejos de ellas, una parejita de novios de unos 22 años.
Pasan unos pocos minutos y Celia llama a Clara y a Carlos.
–Entren en esa habitación. Los dejo con Sara.
Celia regresa al otro cuarto y continúa con su trabajo.
-Hola señora, hola Carlos, ¿cómo han estado? –pregunta gentilmente Sara.
Sara es la hija de Celia, es una hermosa rubia de 15 años, es muy delgada, prácticamente no tiene pecho, es copa A, tiene el cabello hasta los hombros, con un tono dorado y ligeramente ondulado.
–Muy bien, gracias cariño, ¿ya te dijo tu madre que veníamos a un completo de depilación para él y las cejas para mí? –indaga Clara.
–Sí, me dio los detalles, ¿quien primero?
–Yo, que así mientras le depilas a él, yo me subo a casa para terminar las cosas para la playa. Y oye, ammm... Antes de empezar, abusando de tu confianza, Sara, ¿tú te depilaste el área del bikini, al igual que yo, para ir a la playa?
–Ehh… si, jeje. Así estoy más cómoda, ¿por qué?
–Es que le da cosa depilarse el pene y que le da vergüenza que se lo depiles tú porque tienen la misma edad. ¿Pero ya viste Carlos? Ella se lo ha depilado para estar más guapa y por higiene.
–Jaja, no pasa nada, mira Carlos, iremos despacio, poco a poco, y voy a estar yo sola contigo, nadie te va a ver. Además ya he depilado antes a otros hombres, tú no te preocupes.
Clara sonríe mientras Carlos solo se limita a asentir cabizbajo.
Sara guía a Clara a una camilla en la habitación y acerca una lámpara con una lupa para empezar a arreglarle las cejas y acaba en 10 minutos.
–Ya está lista, Clara. Bueno Carlos, te toca a ti… ¿Va a ser depilación completa, verdad? ¿Ósea, todo, todito?
–Así es cariño, si me haces favor. –Clara responde por su hijo.
–Ok, pues quítate la ropa y túmbate en la camilla. Acuéstate boca arriba.
–Bien...
Carlos se quita la ropa dejándose la camiseta y el calzoncillo.
–No empieces con tus cosas Carlos, quítate todo, Sara tiene más clientes y no los puede hacer esperar tanto. Quédate desnudo, además yo ya me voy a preparar las demás cosas, se quedan Sara y tú solos, nadie te va a ver.
–Ok, pero pónganle el seguro a la puerta, no quiero que nadie entre –dice Carlos totalmente sonrojado.
Sara va a colocar el seguro a la puerta y Carlos se desnuda por completo, dobla su ropa rápidamente para evitar que Sara lo vea, y se sienta en una silla tapando su pene con la mano.
–Carlos me voy ya para la casa, me llevo toda tu ropa para que no se manche de cera ni de nada.
–Pe... Pero, ¿y cuando vaya a salir? ¿Cómo haré para subir hasta la casa? Vivimos en el tercer piso.
–Luego te bajo ropa, me llamas cuando termine Sara y listo.
–Pero me he dejado el móvil arriba.
Carlos sentía que las piernas le temblaban, no sabía si era por el aire acondicionado de la estética o porque su madre lo iba a dejar ahí desnudo y sin nada de ropa.
–¡Ay, hijo! ¡Como se te cierra el mundo! Entonces llamas con el teléfono de Sara o Celia.
–O subes desnudo Carlos, que son solo 2 plantas jajaja –dice Sara bromeando.
–Esto ya es el colmo mamá, no voy a dejar que te subas con mi ropa.
–¿Vas a empezar con tus cosas otra vez? ¿Quieres que te castigue en frente de Sara?
–¡¿Qué?! No lo harías...
–Lo haría y lo sabes... entonces, ¿vas a dejar de lloriquear?
–Sí, mamá.
–Bueno, pues me subo, no creo que surja nada, pero si tengo que salir no pasa si Carlos espera aquí, ¿no? Es que Carlos perdió sus llaves de casa el otro día.
–Sí, sin ningún problema.
La madre de Carlos toma la ropa de su hijo y sale por la puerta.
–Carlos no cojas el ascensor, no sirve desde en la mañana, además son solo dos pisos…
Bajan por las escaleras y llegan a la clínica de belleza, en el 1º C.
Clara y Carlos entran a la sala de espera de la estética, pues son viejos amigos de la dueña, Celia, y su hija, Sara.
Al llegar, son recibidos por Celia y los hace pasar a una de las habitaciones.
–Hola Clara, hola Carlos, ¿cómo va todo? Pasen –dice Celia.
Celia es una mujer de 32 años, 1.75m. pecho abundante, copa D, es caucásica, tiene el cabello largo y castaño, y al igual que su hija, ella es muy amable.
–Muy bien Celia, venía para que depilaras a mi hijo como te había dicho antes.
–Sí, sí, vamos un poco retrasadas, que solo estamos Sara y yo. Mira Clara, acá entre nos, Sara es muy lenta… Me dijo que quería ganarse un poco de dinero en verano así que le dije que si quería, podía trabajar conmigo, así yo podría darles sus vacaciones a mis empleadas, así que por cada hora trabajada le doy un dinerillo. Pero mira, será mi hija, pero es muy lentita.
–Jajaja te entiendo perfectamente –contesta Clara.
–Carlos, ¿y tú que tal, vienes a ponerte guapo para la playa eh?
–Bueno… –Carlos no puede terminar.
–Sí, a depilarse para estar guapo –interrumpe su madre–. Una cosa Celia, ¿al final sí van a venir a la playa tú y Sara conmigo y Carlos?
El color de la cara de Carlos se vuelve rojo al oír esto, él no sabía que Celia y Sara fueran a ir.
–Sí, sí, salimos esta tarde, ¿no?
–Así es, ahora dile a mi hijo que los chicos depilados molan y que no duele, porque le veo con un poco de miedo jaja.
–Carlos mira, el año pasado te depilaste también y no pasó nada. No duele, además ahora que vamos a ir a la playa hay que estar depilado para tomar el sol. De hecho, Sara y yo nos hemos depilado esta mañana.
–S... Sí, bien... Pero... ¿Ustedes irán en el mismo auto que nosotros? ¿A la misma playa?
–Sí, ¿no sabías nada? jeje. Mismo auto, misma playa, mismo hotel, ¡mismo todo! No tienes problema con eso, ¿o si cariño? –pregunta Celia.
–No, no, para nada, es solo que no sabía –responde él intentando no ser grosero.
Celia sonríe y se da media vuelta para tomar unas cosas de la estética.
En ese momento, Carlos aprovecha para acercarse a su madre y susurrarle al oído.
–Mamá, me niego a ir desnudo a la playa y menos delante de ellas 2.
–Anda hijo, cállate o ya sabes le que te espera –contesta Clara también en voz baja–. Bueno, entonces... ¿cómo va la espera Celia? –pregunta con un tono más alto.
–Pues yo estoy con una mujer en rayos UV, y tengo una limpieza facial y pufff tardaré un rato, pero si quieres Sara puede depilar a Carlos, ella está acabando con las cejas de una señora… lleva 20 minutos… vaya que es lenta…
–Yo prefiero que me depiles tu Celia, que Sara tiene la misma edad que yo y me da vergüenza.
–Mira hijo, no digas tonterías. La cita la saqué muy apresurada y ellas me hicieron favor de hacerte un espacio.
-Bueno, pero…
–Sin peros jovencito, vas a agradecer el favor que nos hacen y te callas.
Carlos agacha la cabeza y siente como el rubor de su cara aumenta. Sara, su amiga de la infancia lo va a ver desnudo, y todo gracias a su madre, que no entiende todo el pudor que siente a su edad.
–Pueden tomar asiento en la sala de espera, en cuanto termine mi hija los llamo.
–Claro que sí, gracias Celia –responde Clara.
Celia sale de la habitación y entra a una sala contigua, en donde está su clienta con los rayos UV.
Clara y Carlos salen también pero directo a la sala de espera, donde se sientan y aguardan a que Celia los llame.
En la sala se encontraban varias personas que también esperan su turno.
Había un hombre de unos 40 años, acompañado de una hermosa jovencita de 20 años. Había también grupo de chicas de unos 15 años, ellas eran 5, y probablemente iban para ser arregladas para una fiesta de XV años.
Unos cuantos asientos a un lado, estaba un chico de unos 16, junto con su hermano de 7, quienes de seguro esperaban a su madre salir de su tratamiento UV.
Por último, en el otro extremo de la sala, había dos mujeres de unos 30 años, aproximadamente, y no muy lejos de ellas, una parejita de novios de unos 22 años.
Pasan unos pocos minutos y Celia llama a Clara y a Carlos.
–Entren en esa habitación. Los dejo con Sara.
Celia regresa al otro cuarto y continúa con su trabajo.
-Hola señora, hola Carlos, ¿cómo han estado? –pregunta gentilmente Sara.
Sara es la hija de Celia, es una hermosa rubia de 15 años, es muy delgada, prácticamente no tiene pecho, es copa A, tiene el cabello hasta los hombros, con un tono dorado y ligeramente ondulado.
–Muy bien, gracias cariño, ¿ya te dijo tu madre que veníamos a un completo de depilación para él y las cejas para mí? –indaga Clara.
–Sí, me dio los detalles, ¿quien primero?
–Yo, que así mientras le depilas a él, yo me subo a casa para terminar las cosas para la playa. Y oye, ammm... Antes de empezar, abusando de tu confianza, Sara, ¿tú te depilaste el área del bikini, al igual que yo, para ir a la playa?
–Ehh… si, jeje. Así estoy más cómoda, ¿por qué?
–Es que le da cosa depilarse el pene y que le da vergüenza que se lo depiles tú porque tienen la misma edad. ¿Pero ya viste Carlos? Ella se lo ha depilado para estar más guapa y por higiene.
–Jaja, no pasa nada, mira Carlos, iremos despacio, poco a poco, y voy a estar yo sola contigo, nadie te va a ver. Además ya he depilado antes a otros hombres, tú no te preocupes.
Clara sonríe mientras Carlos solo se limita a asentir cabizbajo.
Sara guía a Clara a una camilla en la habitación y acerca una lámpara con una lupa para empezar a arreglarle las cejas y acaba en 10 minutos.
–Ya está lista, Clara. Bueno Carlos, te toca a ti… ¿Va a ser depilación completa, verdad? ¿Ósea, todo, todito?
–Así es cariño, si me haces favor. –Clara responde por su hijo.
–Ok, pues quítate la ropa y túmbate en la camilla. Acuéstate boca arriba.
–Bien...
Carlos se quita la ropa dejándose la camiseta y el calzoncillo.
–No empieces con tus cosas Carlos, quítate todo, Sara tiene más clientes y no los puede hacer esperar tanto. Quédate desnudo, además yo ya me voy a preparar las demás cosas, se quedan Sara y tú solos, nadie te va a ver.
–Ok, pero pónganle el seguro a la puerta, no quiero que nadie entre –dice Carlos totalmente sonrojado.
Sara va a colocar el seguro a la puerta y Carlos se desnuda por completo, dobla su ropa rápidamente para evitar que Sara lo vea, y se sienta en una silla tapando su pene con la mano.
–Carlos me voy ya para la casa, me llevo toda tu ropa para que no se manche de cera ni de nada.
–Pe... Pero, ¿y cuando vaya a salir? ¿Cómo haré para subir hasta la casa? Vivimos en el tercer piso.
–Luego te bajo ropa, me llamas cuando termine Sara y listo.
–Pero me he dejado el móvil arriba.
Carlos sentía que las piernas le temblaban, no sabía si era por el aire acondicionado de la estética o porque su madre lo iba a dejar ahí desnudo y sin nada de ropa.
–¡Ay, hijo! ¡Como se te cierra el mundo! Entonces llamas con el teléfono de Sara o Celia.
–O subes desnudo Carlos, que son solo 2 plantas jajaja –dice Sara bromeando.
–Esto ya es el colmo mamá, no voy a dejar que te subas con mi ropa.
–¿Vas a empezar con tus cosas otra vez? ¿Quieres que te castigue en frente de Sara?
–¡¿Qué?! No lo harías...
–Lo haría y lo sabes... entonces, ¿vas a dejar de lloriquear?
–Sí, mamá.
–Bueno, pues me subo, no creo que surja nada, pero si tengo que salir no pasa si Carlos espera aquí, ¿no? Es que Carlos perdió sus llaves de casa el otro día.
–Sí, sin ningún problema.
La madre de Carlos toma la ropa de su hijo y sale por la puerta.
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Re: A tiny travel
A great start to this story. Can't wait for the next chapter (I've used a translator to be able to read it!). I hope Sara describes in detail what she does and gives us a good description of what she sees!
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Linzie_queen
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Re: A tiny travel
CHAPTER 3
Carlos se queda desnudo a solas con Sara.
–Bueno, mira Carlos, si te entra alguna erección no pasa nada, es completamente normal, no me voy a reír ni nada –dice Sara.
–Me da mucha vergüenza, Sara, ¿será posible que me dejes hacerlo solo? Yo te pago como si lo hubieras hecho, pero no le digas a mi mamá.
–A ver Carlos, el año pasado te depiló mi madre y no pasó nada. Te iba a decir que te pusieras el calzoncillo hasta que te depilara el pene, pero se lo ha llevado tu madre.
–Es que en verdad me da mucha vergüenza, no sabes cuanta.
–Lo lamento Carlos, pero si te dejo hacerlo solo y te lo dejas mal, tu madre de va a enojar conmigo y mi madre también, no puedo dejarte hacerlo solo.
–Pero no me lo voy a dejar mal...
–¿Has usado cera antes?
–Pues... No, pero puedo usar un rastrillo y...
–Que no, Carlos, tu madre ha pedido depilación, no rasurado, y hay mucha diferencia, ella lo notaría.
–No quiero, por favor, déjame a mí.
–¿No confías en mi?
–Sí, pero...
–¡Ay, Carlos, ya! Perdemos tiempo, coopera o llamo a tu madre.
Ante la amenaza de Sara, Carlos inmediatamente se puso de pie, pero aun tapando sus genitales.
–Así me gusta, Carlos. Párate acá para empezar.
Carlos, rojísimo de vergüenza, obedece y camina hacia su amiga de la infancia aun con su mano en su entrepierna.
–Ammmm... Veo que no tienes mucho vello, no tienes nada en el pecho, ni en las piernas... Ni nada de barba o bigote y obvio el poco vello de tus brazos no te lo voy a quitar... ¿y en las axilas?
Carlos, muerto por la pena, levanta el brazo que tiene libre y le muestra su axila lampiña a Sara.
–¡Wow! Nada de nada, pero... Entonces, tu madre te trajo solo para depilarte... ¿Ahí?
Carlos asiente con lágrimas en los ojos, no puede creer la humillación que siente en este momento.
–Bueno Carlos, mira, de todos modos te voy a dar una pasada con la cera por tu cuerpo, así entramos mas en confianza y quito algún pelillo solitario que pudieras tener, y al final puede que ya no te de tanta pena conmigo, ¿ok?
–Ok.
Carlos no tenía opción, si dice que no, Sara podría tomárselo a mal y llamar a su madre. Pero que ella le fuera a pasar la cera por el cuerpo implicaría que él estará más tiempo desnudo.
–Muy bien, entonces quédate ahí paradito, esto va a ser rápido...
Sara va por un frasco de cera para untársela a Carlos, mientras él la espera parado en medio de la habitación, totalmente desnudo y con una mano cubriendo sus partes.
–¿Listo Carlitos?
Carlos simplemente asiente y se deja hacer.
Sara coloca poco a poco la cera en las partes en donde se supone que su amigo debería tener vello.
Recorre prácticamente todo su cuerpo hasta llegar a las axilas...
–Carlos, tienes que levantar los brazos o no podré pasarte la cera en las axilas.
Totalmente avergonzado, Carlos levanta el brazo que tiene libre y Sara trabaja ahí. Unos segundos después, cambia de mano para cubrirse y levanta el otro brazo.
–Pues ya terminamos con el cuerpo, Carlos... Ya vas a tener que destaparte –dice Sara luego de acabar.
–¿No tienes al menos una toalla con la que me pueda cubrir?
–Bueno… la verdad no… ¿En verdad te da tanta vergüenza?
–¡¡¡Siiiii, no imaginas cuanta!!!
–Mmmm… creo que hay algo que podemos hacer…
–¿En serio? ¿Qué? ¡Haré lo que sea!
–Bueno… pero que conste que lo hago solo porque te aprecio mucho y somos amigos desde pequeños.
–Sí, muchas gracias, Sara, de verdad lo aprecio.
–Bien, espera aquí…
Sara sale de la habitación y regresa al poco rato con algo en las manos.
–Toma, te puedes poner esto…
Sara le entrega una tanguita pequeña en color negro. Era literalmente una tanga de hilo con un pequeño triangulo en el frente.
–Pe… pero esto… ¿Es una tanga? –pregunta Carlos.
–Sí, es mejor que nada, ¿no?
–Pues… supongo que sí, pero… ¿de dónde la sacaste?
–No importa, pero si la vas a usar, póntela ya, que tenemos que empezar.
–Bien… date vuelta, por favor.
Sara se da la vuelta y Carlitos se pone la tanga rápidamente.
El triangulo de enfrente de la prenda era pequeño, pero cubría perfectamente su pene diminuto. La tela era suave y se sentía muy cálida. Carlos no sabía si se sentía menos o mas avergonzado que antes. Es decir, ¡era un chico con tanga de mujer!
Sara voltea sin preguntar si ya terminó y lo mira de pie con su tanguita.
–Se… se siente calientita… ¿De… de donde la sacaste?
–Ush… Carlos… es… es mía…
–¿¡Que!? ¿¡Me diste tu tanga que llevabas puesta!? –El rubor en las mejillas de Carlos sube de inmediato.
–Solo porque eres mi mejor amigo y me sentía mal de verte tan avergonzado, pero si no la quieres…
–No… está bien, si la quiero… muchas gracias por ese lindo gesto, Sara. Lo… lo aprecio mucho.
–Por nada… ¿Se siente… muy calientita? –responde Sara sonrojándose.
–Sí…
–Lo siento, no pude encontrar nada más…
–No te disculpes, lo agradezco mucho.
–Bueno, ahora recuéstate ahí y vamos a empezar con la depilación. –Ordena Sara.
Carlos se acuesta con las piernas abiertas…
Sara mira de cerca el pequeño bultito de Carlos y nota como apenas se le marca un poco dentro de su tanguita.
–Valla… casi no tienes pelitos… ahí…
–¿Tú… tú si tienes más?
–Cla… claro… yo me depilé bien para ir a la playa… a mi me salen desde hace un par de años… –responde Sara con rubor bajo sus ojos.
–Ya veo…
–Pero no pasa nada, Carlos, cada quien se desarrolla diferente y las niñas maduramos primero.
–Sí, supongo…
Sara coloca la cera en el área de debajo del ombligo de Carlos y comienza a quitarle los prácticamente inexistentes vellos que tenía.
–Listo Carlos, pero… hay un problema…
–¿Cuál?
–Te tendrás que quitar la tanga… no puedo acceder a tus… ammm… ya sabes…
–Pe… pero…
–Carlos… ¿No confías en tu mejor amiga?
–Claro que sí.
–Entonces confía, quítate tú tang… mi tanguita, para que pueda depilarte.
–Pero me verás…
–Carlos, ¿recuerdas cuando éramos mas chicos y a veces te cuidaba mi mamá y a veces a mi me cuidaba la tuya?
–Sí.
–Bueno, algunas veces nos llegaron a bañar juntos, y no te dio pena… nos vimos todo.
–Sí, pero… eso fue hace años, cuando éramos muy chicos.
–Carlos, no puedo hacerlo sobre mi tanga, se llenará de cera y mi madre me castigará. Por favor.
–Está bien, lo haré…
Carlos se queda desnudo a solas con Sara.
–Bueno, mira Carlos, si te entra alguna erección no pasa nada, es completamente normal, no me voy a reír ni nada –dice Sara.
–Me da mucha vergüenza, Sara, ¿será posible que me dejes hacerlo solo? Yo te pago como si lo hubieras hecho, pero no le digas a mi mamá.
–A ver Carlos, el año pasado te depiló mi madre y no pasó nada. Te iba a decir que te pusieras el calzoncillo hasta que te depilara el pene, pero se lo ha llevado tu madre.
–Es que en verdad me da mucha vergüenza, no sabes cuanta.
–Lo lamento Carlos, pero si te dejo hacerlo solo y te lo dejas mal, tu madre de va a enojar conmigo y mi madre también, no puedo dejarte hacerlo solo.
–Pero no me lo voy a dejar mal...
–¿Has usado cera antes?
–Pues... No, pero puedo usar un rastrillo y...
–Que no, Carlos, tu madre ha pedido depilación, no rasurado, y hay mucha diferencia, ella lo notaría.
–No quiero, por favor, déjame a mí.
–¿No confías en mi?
–Sí, pero...
–¡Ay, Carlos, ya! Perdemos tiempo, coopera o llamo a tu madre.
Ante la amenaza de Sara, Carlos inmediatamente se puso de pie, pero aun tapando sus genitales.
–Así me gusta, Carlos. Párate acá para empezar.
Carlos, rojísimo de vergüenza, obedece y camina hacia su amiga de la infancia aun con su mano en su entrepierna.
–Ammmm... Veo que no tienes mucho vello, no tienes nada en el pecho, ni en las piernas... Ni nada de barba o bigote y obvio el poco vello de tus brazos no te lo voy a quitar... ¿y en las axilas?
Carlos, muerto por la pena, levanta el brazo que tiene libre y le muestra su axila lampiña a Sara.
–¡Wow! Nada de nada, pero... Entonces, tu madre te trajo solo para depilarte... ¿Ahí?
Carlos asiente con lágrimas en los ojos, no puede creer la humillación que siente en este momento.
–Bueno Carlos, mira, de todos modos te voy a dar una pasada con la cera por tu cuerpo, así entramos mas en confianza y quito algún pelillo solitario que pudieras tener, y al final puede que ya no te de tanta pena conmigo, ¿ok?
–Ok.
Carlos no tenía opción, si dice que no, Sara podría tomárselo a mal y llamar a su madre. Pero que ella le fuera a pasar la cera por el cuerpo implicaría que él estará más tiempo desnudo.
–Muy bien, entonces quédate ahí paradito, esto va a ser rápido...
Sara va por un frasco de cera para untársela a Carlos, mientras él la espera parado en medio de la habitación, totalmente desnudo y con una mano cubriendo sus partes.
–¿Listo Carlitos?
Carlos simplemente asiente y se deja hacer.
Sara coloca poco a poco la cera en las partes en donde se supone que su amigo debería tener vello.
Recorre prácticamente todo su cuerpo hasta llegar a las axilas...
–Carlos, tienes que levantar los brazos o no podré pasarte la cera en las axilas.
Totalmente avergonzado, Carlos levanta el brazo que tiene libre y Sara trabaja ahí. Unos segundos después, cambia de mano para cubrirse y levanta el otro brazo.
–Pues ya terminamos con el cuerpo, Carlos... Ya vas a tener que destaparte –dice Sara luego de acabar.
–¿No tienes al menos una toalla con la que me pueda cubrir?
–Bueno… la verdad no… ¿En verdad te da tanta vergüenza?
–¡¡¡Siiiii, no imaginas cuanta!!!
–Mmmm… creo que hay algo que podemos hacer…
–¿En serio? ¿Qué? ¡Haré lo que sea!
–Bueno… pero que conste que lo hago solo porque te aprecio mucho y somos amigos desde pequeños.
–Sí, muchas gracias, Sara, de verdad lo aprecio.
–Bien, espera aquí…
Sara sale de la habitación y regresa al poco rato con algo en las manos.
–Toma, te puedes poner esto…
Sara le entrega una tanguita pequeña en color negro. Era literalmente una tanga de hilo con un pequeño triangulo en el frente.
–Pe… pero esto… ¿Es una tanga? –pregunta Carlos.
–Sí, es mejor que nada, ¿no?
–Pues… supongo que sí, pero… ¿de dónde la sacaste?
–No importa, pero si la vas a usar, póntela ya, que tenemos que empezar.
–Bien… date vuelta, por favor.
Sara se da la vuelta y Carlitos se pone la tanga rápidamente.
El triangulo de enfrente de la prenda era pequeño, pero cubría perfectamente su pene diminuto. La tela era suave y se sentía muy cálida. Carlos no sabía si se sentía menos o mas avergonzado que antes. Es decir, ¡era un chico con tanga de mujer!
Sara voltea sin preguntar si ya terminó y lo mira de pie con su tanguita.
–Se… se siente calientita… ¿De… de donde la sacaste?
–Ush… Carlos… es… es mía…
–¿¡Que!? ¿¡Me diste tu tanga que llevabas puesta!? –El rubor en las mejillas de Carlos sube de inmediato.
–Solo porque eres mi mejor amigo y me sentía mal de verte tan avergonzado, pero si no la quieres…
–No… está bien, si la quiero… muchas gracias por ese lindo gesto, Sara. Lo… lo aprecio mucho.
–Por nada… ¿Se siente… muy calientita? –responde Sara sonrojándose.
–Sí…
–Lo siento, no pude encontrar nada más…
–No te disculpes, lo agradezco mucho.
–Bueno, ahora recuéstate ahí y vamos a empezar con la depilación. –Ordena Sara.
Carlos se acuesta con las piernas abiertas…
Sara mira de cerca el pequeño bultito de Carlos y nota como apenas se le marca un poco dentro de su tanguita.
–Valla… casi no tienes pelitos… ahí…
–¿Tú… tú si tienes más?
–Cla… claro… yo me depilé bien para ir a la playa… a mi me salen desde hace un par de años… –responde Sara con rubor bajo sus ojos.
–Ya veo…
–Pero no pasa nada, Carlos, cada quien se desarrolla diferente y las niñas maduramos primero.
–Sí, supongo…
Sara coloca la cera en el área de debajo del ombligo de Carlos y comienza a quitarle los prácticamente inexistentes vellos que tenía.
–Listo Carlos, pero… hay un problema…
–¿Cuál?
–Te tendrás que quitar la tanga… no puedo acceder a tus… ammm… ya sabes…
–Pe… pero…
–Carlos… ¿No confías en tu mejor amiga?
–Claro que sí.
–Entonces confía, quítate tú tang… mi tanguita, para que pueda depilarte.
–Pero me verás…
–Carlos, ¿recuerdas cuando éramos mas chicos y a veces te cuidaba mi mamá y a veces a mi me cuidaba la tuya?
–Sí.
–Bueno, algunas veces nos llegaron a bañar juntos, y no te dio pena… nos vimos todo.
–Sí, pero… eso fue hace años, cuando éramos muy chicos.
–Carlos, no puedo hacerlo sobre mi tanga, se llenará de cera y mi madre me castigará. Por favor.
–Está bien, lo haré…
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Re: A tiny travel
CHAPTER 4
Carlos, no desenado que castiguen a su amiga, quien solo ha sido amable con él, se quita la tanga con una mano mientras se cubre la entrepierna con la otra.
–Por favor, no le hables de esto a nadie...
–Lo prometo, Carlos, será secreto profesional, además, ¿qué puedes tener tú que no haya visto ante...?
Sara no puede continuar hablando, Carlos ha quitado su mano de su entrepierna, dejando totalmente expuesto su diminuto pene.
–¡Wow! Carlos, yo...
–Adelante, dilo ya, es muy pequeño.
–Yo... Iba a decir que tampoco tenias mucho vello ahí, lo de pequeño lo dijiste tú. Además, debe ser por el frío de la habitación, mi mamá insiste en poner el aire acondicionado bastante alto.
–Gracias por no reírte...
–Descuida, apuesto a que cuando te depile se verá más grande.
–No, se verá igual, y no es el frío ni los pelos...
–Ya veo... Entonces por eso tu mamá cuchicheaba tanto con la mía el día que ella te depiló... Jajaja, ¡ya entiendo el chiste!
–¡¿Qué?! ¡¿Cual chiste?!
–No, no, ninguno, olvídalo, la verdad es que mayoría de los hombres cuando esta relajado su pene, se les pone muy pequeño. Normalmente cosa de 5 a 7 cm. Pero no, no me río de ti.
–Parecía que sí.
–¡Obvio no! ¿Cuándo está erecta crece, verdad? Crecerá como la media, a unos 13cm… quizás...
Carlos se sentía humillado, pero al menos sabía que Sara no le diría a nadie más.
–Bueno... Por otro lado, cuando la depile parecerá la polla… bueno el pito de un niño de 7 años o menos, porque el tuyo es muy muy muy muy muy muy pequeño relajado… apenas 3cm.
–Esos fueron demasiados "muy". ¡Tú estás disfrutando esto! Disfrutas humillarme por mí... tamaño.
–Claro que no, yo nunca dije que es de chiste y ridícula, ¿o sí?
–¡¿Qué?! ¡No! ¿Ves como si quieres humillarme? ¡Nadie dijo eso!
–Tu madre lo hizo...
–¡¿Qué?! ¡¿Cuando?!
–La vez que mi mamá te depiló, ellas estaban hablando y riendo pero yo no entendía bien de que... Hasta hoy.
–¡Es el peor día de mi vida! –exclama Carlos.
–Cállate, ¿o quieres que te escuchen afuera?
–N... No.
–Entonces terminemos con esto, recuéstate en la camilla para depilarte ahí y acabemos de una vez por todas. ¿Me… me das mi tanguita?
–Oh, sí, lo siento… olvidé que la tenía en mi mano.
Carlos le entrega la prenda a Sara y ella la guarda en su bolsillo.
Sara le sujeta el pene y con cuidado le pone cera.
En ese momento, el celular de Sara comienza a sonar…
–¿Sí, diga? –Sara responde la llamada.
–Ummm… Sara, por favor termina aquí. No quiero pasar desnudo más tiempo del necesario.
–Espera… es mi mamá.
Sara continúa atendiendo la llamada mientras aun tiene su cara a centímetros del pene de Carlos.
Durante ese tiempo, carlos intentó cubrirse, pero Sara le dijo que solo regaría por todos lados la cera, que se quedara quieto.
Al terminar la llamada, Sara sostiene el celular justo frente a las partes de Carlos.
–Hummm… ¿Qué haces, Sara? –pregunta Carlos sonrojado.
–Este… ¿yo? ¡Nada! solo colgaba la llamada…
–Pues… cuélgala…
–Ya voy, no llevo mucho con este celular, así que no le se mover tan rápido.
Sara continúa con el celular frente a las partecitas de Carlos y entonces vuelve a tomar su pene.
–Voy a seguir depilándote mientras encuentro la forma de comprender como usar este celular. –dice Sara.
–Si quieres te puedo ayudar con el celular.
–No, no, todo está bien, puedo hacerlo con una mano.
Carlos está tan avergonzado que ni siquiera le provoca una erección el hecho de que Sara este manipulando su glande y sus testículos, los cuales también se encuentran bastante reducidos.
Rápidamente termina de depilarlo y Carlos se baja de la camilla y se queda parado frente a Sara, quien aun sostiene su celular.
–Jeje, mírate, con lo bajito que eres y el pene así pequeñito y depilado no parece que tengas tu edad.
–¿Mientras te burlas puedes llamar a ni madre por favor?
–Uy, no me estoy burlando, no aguantas una bro...
Sara es interrumpida repentinamente por una mujer que abre la puerta de la habitación para preguntar por Celia.
Carlos, no desenado que castiguen a su amiga, quien solo ha sido amable con él, se quita la tanga con una mano mientras se cubre la entrepierna con la otra.
–Por favor, no le hables de esto a nadie...
–Lo prometo, Carlos, será secreto profesional, además, ¿qué puedes tener tú que no haya visto ante...?
Sara no puede continuar hablando, Carlos ha quitado su mano de su entrepierna, dejando totalmente expuesto su diminuto pene.
–¡Wow! Carlos, yo...
–Adelante, dilo ya, es muy pequeño.
–Yo... Iba a decir que tampoco tenias mucho vello ahí, lo de pequeño lo dijiste tú. Además, debe ser por el frío de la habitación, mi mamá insiste en poner el aire acondicionado bastante alto.
–Gracias por no reírte...
–Descuida, apuesto a que cuando te depile se verá más grande.
–No, se verá igual, y no es el frío ni los pelos...
–Ya veo... Entonces por eso tu mamá cuchicheaba tanto con la mía el día que ella te depiló... Jajaja, ¡ya entiendo el chiste!
–¡¿Qué?! ¡¿Cual chiste?!
–No, no, ninguno, olvídalo, la verdad es que mayoría de los hombres cuando esta relajado su pene, se les pone muy pequeño. Normalmente cosa de 5 a 7 cm. Pero no, no me río de ti.
–Parecía que sí.
–¡Obvio no! ¿Cuándo está erecta crece, verdad? Crecerá como la media, a unos 13cm… quizás...
Carlos se sentía humillado, pero al menos sabía que Sara no le diría a nadie más.
–Bueno... Por otro lado, cuando la depile parecerá la polla… bueno el pito de un niño de 7 años o menos, porque el tuyo es muy muy muy muy muy muy pequeño relajado… apenas 3cm.
–Esos fueron demasiados "muy". ¡Tú estás disfrutando esto! Disfrutas humillarme por mí... tamaño.
–Claro que no, yo nunca dije que es de chiste y ridícula, ¿o sí?
–¡¿Qué?! ¡No! ¿Ves como si quieres humillarme? ¡Nadie dijo eso!
–Tu madre lo hizo...
–¡¿Qué?! ¡¿Cuando?!
–La vez que mi mamá te depiló, ellas estaban hablando y riendo pero yo no entendía bien de que... Hasta hoy.
–¡Es el peor día de mi vida! –exclama Carlos.
–Cállate, ¿o quieres que te escuchen afuera?
–N... No.
–Entonces terminemos con esto, recuéstate en la camilla para depilarte ahí y acabemos de una vez por todas. ¿Me… me das mi tanguita?
–Oh, sí, lo siento… olvidé que la tenía en mi mano.
Carlos le entrega la prenda a Sara y ella la guarda en su bolsillo.
Sara le sujeta el pene y con cuidado le pone cera.
En ese momento, el celular de Sara comienza a sonar…
–¿Sí, diga? –Sara responde la llamada.
–Ummm… Sara, por favor termina aquí. No quiero pasar desnudo más tiempo del necesario.
–Espera… es mi mamá.
Sara continúa atendiendo la llamada mientras aun tiene su cara a centímetros del pene de Carlos.
Durante ese tiempo, carlos intentó cubrirse, pero Sara le dijo que solo regaría por todos lados la cera, que se quedara quieto.
Al terminar la llamada, Sara sostiene el celular justo frente a las partes de Carlos.
–Hummm… ¿Qué haces, Sara? –pregunta Carlos sonrojado.
–Este… ¿yo? ¡Nada! solo colgaba la llamada…
–Pues… cuélgala…
–Ya voy, no llevo mucho con este celular, así que no le se mover tan rápido.
Sara continúa con el celular frente a las partecitas de Carlos y entonces vuelve a tomar su pene.
–Voy a seguir depilándote mientras encuentro la forma de comprender como usar este celular. –dice Sara.
–Si quieres te puedo ayudar con el celular.
–No, no, todo está bien, puedo hacerlo con una mano.
Carlos está tan avergonzado que ni siquiera le provoca una erección el hecho de que Sara este manipulando su glande y sus testículos, los cuales también se encuentran bastante reducidos.
Rápidamente termina de depilarlo y Carlos se baja de la camilla y se queda parado frente a Sara, quien aun sostiene su celular.
–Jeje, mírate, con lo bajito que eres y el pene así pequeñito y depilado no parece que tengas tu edad.
–¿Mientras te burlas puedes llamar a ni madre por favor?
–Uy, no me estoy burlando, no aguantas una bro...
Sara es interrumpida repentinamente por una mujer que abre la puerta de la habitación para preguntar por Celia.
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Re: A tiny travel
CHAPTER 5
La mujer entra e inmediatamente Carlos cubre sus partes con sus manos totalmente avergonzado.
–Perdona que te moleste, Sara –dice la mujer mientras entra a la habitación.
Carlos no dice nada, cuando se pone muy nervioso no puede articular palabras, por lo que simplemente se queda ahí parado cubriéndose.
Sara, al no escuchar replicas de Carlos, la deja pasar mientras guarda su celular.
La mujer es una mujer rubia, de unos 19 años, sumamente atractiva. Lleva puesto un vestido muy formal, trae consigo un maletín elegante y sobre sus lindos ojos, unas gafas.
–Buenos días señorita Miriam, ¿viene a ver a mi madre?
La mujer rubia cierra la puerta tras de sí y camina hacia Sara.
–Sí, como sabrás, vengo a ofrecerle el nuevo catalogo de cosméticos y...
En ese momento, la mujer se da cuenta de que Carlos está ahí desnudo.
–Oh, disculpen, ¿interrumpo algo?
–Pues, ya terminé de depilarlo pero...
–Ah, menos mal, porque voy un poco apurada, ¿te puedo dejar las muestras a ti y se las das a tu madre cuando puedas?
–Seguro, ¿cuáles son?
–Son todas estas...
Miriam saca una bolsa de su maletín llena de muestras gratis y se la entrega a Sara junto con unas hojas.
–¿Me puedes firmar de recibido, por favor? –pregunta Miriam.
–Claro, voy por una pluma.
Sara se aleja un poco de Carlos y Miriam para buscar un bolígrafo.
En ese momento los ojos de Miriam se colocan en Carlos.
–Awww... ¿Quién es este pequeñín? –pregunta mientras pellizca su mejilla –¿Es tu hermanito?
Carlos no puede decir nada, esta colorado de vergüenza y temblando un poco por el frío.
–Es curioso que un niño de 7 tenga tanto pudor a su edad –comenta Ana.
–Jaja –Sara ríe con las palabras de Miriam–. No es mi hermano, es...
–¡Soy su primo! –interrumpe Carlos armándose de valor.
–Awwww... Pues eres una tierna cosita pequeñita –dice la mujer.
<<Y eso que no ha visto su pilin jiji>>, piensa Sara.
–Encontré la pluma.
Sara firma inmediatamente los papeles y Miriam le agradece y sale de la habitación, no sin antes darle un beso a Carlos en la frente.
–¡Dijiste que le cerraste con seguro! –Exclama Carlos al ver que Miriam cerró la puerta.
–No me mires a mí, tu mamá cuando salió debió quitárselo y no se lo puso de vuelta.
–¡Este día no puede ponerse peor!
–Ya, ya, Carlos, voy a volver a sacar mi móvil para que llames a tu madre. Ammm... ¿Mientras investigo como llamar me ayudarías con algo?
–¿Después de todo lo que me has hecho pasar?
–Pero Carlos... Solo ha sido un accidente, y tú no has dicho nada, además Miriam fue muy amable y no te vio nada ¿que no somos amigos?
–Bien, ¿qué quieres?
–Toma estas botellas, las voy a llenar con un líquido y en cuanto las tape, las agitas de un lado a otro y de arriba a abajo, pero no puedes parar porque entonces el liquido se espesa y ya no sirve, ¿de acuerdo?
–Bien, dámelas, pero llama pronto a mi mamá por favor.
–Ok.
Carlos sostiene las botellas mientras Sara vierte el líquido de una bolsa sellada al vacío y cuando termina, las tapa y Carlos comienza a moverlas.
Sara saca su celular y comienza a teclear algunas cosas mientras Carlos agita las botellas.
–Estoy buscando su número, recuerda que no puedes parar.
–Sí, sí, date prisa…
La mujer entra e inmediatamente Carlos cubre sus partes con sus manos totalmente avergonzado.
–Perdona que te moleste, Sara –dice la mujer mientras entra a la habitación.
Carlos no dice nada, cuando se pone muy nervioso no puede articular palabras, por lo que simplemente se queda ahí parado cubriéndose.
Sara, al no escuchar replicas de Carlos, la deja pasar mientras guarda su celular.
La mujer es una mujer rubia, de unos 19 años, sumamente atractiva. Lleva puesto un vestido muy formal, trae consigo un maletín elegante y sobre sus lindos ojos, unas gafas.
–Buenos días señorita Miriam, ¿viene a ver a mi madre?
La mujer rubia cierra la puerta tras de sí y camina hacia Sara.
–Sí, como sabrás, vengo a ofrecerle el nuevo catalogo de cosméticos y...
En ese momento, la mujer se da cuenta de que Carlos está ahí desnudo.
–Oh, disculpen, ¿interrumpo algo?
–Pues, ya terminé de depilarlo pero...
–Ah, menos mal, porque voy un poco apurada, ¿te puedo dejar las muestras a ti y se las das a tu madre cuando puedas?
–Seguro, ¿cuáles son?
–Son todas estas...
Miriam saca una bolsa de su maletín llena de muestras gratis y se la entrega a Sara junto con unas hojas.
–¿Me puedes firmar de recibido, por favor? –pregunta Miriam.
–Claro, voy por una pluma.
Sara se aleja un poco de Carlos y Miriam para buscar un bolígrafo.
En ese momento los ojos de Miriam se colocan en Carlos.
–Awww... ¿Quién es este pequeñín? –pregunta mientras pellizca su mejilla –¿Es tu hermanito?
Carlos no puede decir nada, esta colorado de vergüenza y temblando un poco por el frío.
–Es curioso que un niño de 7 tenga tanto pudor a su edad –comenta Ana.
–Jaja –Sara ríe con las palabras de Miriam–. No es mi hermano, es...
–¡Soy su primo! –interrumpe Carlos armándose de valor.
–Awwww... Pues eres una tierna cosita pequeñita –dice la mujer.
<<Y eso que no ha visto su pilin jiji>>, piensa Sara.
–Encontré la pluma.
Sara firma inmediatamente los papeles y Miriam le agradece y sale de la habitación, no sin antes darle un beso a Carlos en la frente.
–¡Dijiste que le cerraste con seguro! –Exclama Carlos al ver que Miriam cerró la puerta.
–No me mires a mí, tu mamá cuando salió debió quitárselo y no se lo puso de vuelta.
–¡Este día no puede ponerse peor!
–Ya, ya, Carlos, voy a volver a sacar mi móvil para que llames a tu madre. Ammm... ¿Mientras investigo como llamar me ayudarías con algo?
–¿Después de todo lo que me has hecho pasar?
–Pero Carlos... Solo ha sido un accidente, y tú no has dicho nada, además Miriam fue muy amable y no te vio nada ¿que no somos amigos?
–Bien, ¿qué quieres?
–Toma estas botellas, las voy a llenar con un líquido y en cuanto las tape, las agitas de un lado a otro y de arriba a abajo, pero no puedes parar porque entonces el liquido se espesa y ya no sirve, ¿de acuerdo?
–Bien, dámelas, pero llama pronto a mi mamá por favor.
–Ok.
Carlos sostiene las botellas mientras Sara vierte el líquido de una bolsa sellada al vacío y cuando termina, las tapa y Carlos comienza a moverlas.
Sara saca su celular y comienza a teclear algunas cosas mientras Carlos agita las botellas.
–Estoy buscando su número, recuerda que no puedes parar.
–Sí, sí, date prisa…
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Re: A tiny travel
CHAPTER 6
Sara estaba haciendo lo suyo cuando de pronto entra Celia y cierra la puerta tras de sí.
–Hija, ¿ya has acabado con Carlos?
–Sí, iba a llamar a su mamá.
–Que coincidencia, su madre me ha llamado que iba a ir al centro comercial a comprar unas cosas, y que Carlos la espere aquí.
Carlos, con la cara de nuevo totalmente roja, observa como ambas mujeres platican y hablan de él como si no estuviera, y que más le gustaría a él no estar, pero está.
Está ahí parado, completamente desnudo una vez mas y sin poder taparse, pues tiene ambas manos ocupadas agitando el liquido que le dio Sara.
Son dos botellas de litro, por lo que no puede tomar dos con una mano.
–Pero mama, Carlos está desnudo.
–Sí, ya lo vi, pues que se vista, ¡tonta! Jaja.
–Pero su madre se ha llevado su ropa.
–Ah... Pequeño problema... Voy a hablar con él.
Celia se acerca a Carlos y lo ve meneando las botellas.
–¿Tú le diste a agitar el nuevo bálsamo que recién nos llegó?
–Sí, pensé que mientras esperaba a su madre nos podría ayudar un poco con eso.
–¡Ay niña! Si serás... Para dejar bien mezclado ese bálsamo hay que agitar las botellas por 15min. Y yo no puedo ahora, ni tu tampoco, hay muchos clientes esperando.
–Lo siento mamá, yo no lo sabia...
–No le quedará otra más que seguirlas agitando... Oye Carlos, acabo de hablar con tu mamá y dijo que no está en casa, así que no podría traerte tu ropa.
–¿Qué? Pero entonces, ¿qué voy a hacer? ¿Me voy a quedar desnudo aquí hasta que regrese?
Las palabras apenas podían salir de la boca de Carlos, no podía creer cuan humillado estaba.
–No, cariño –responde Celia–. Sara y yo tenemos muchos clientes esperando y necesitamos todas las habitaciones.
–¿Entonces qué hacemos mamá? –pregunta Sara.
–Se tendrá que quedar en la sala de espera, además le acabo de ver de pie y no necesita ropa, no tiene nada que tapar con su mini pene, que según yo, ahora seguro que mide menos de 3cm. Como el de un bebé, ningún cliente se quejará, jaja.
–¡Oigan, sigo aquí! –brama Carlos
–No te rías mama, que luego erecto le crecerá como a todos... Supongo.
–Quizá, pero así está graciosísimo ¿no te parece? parece un pene de… 7 años, Jajaja.
–Señora, por favor no se burle –dice Carlos con los ojos llorosos e intentando juntar sus piernas para tapar su pene, pero no lo consigue.
–Carlos se que estas desnudo pero te tendrás que ir a la sala de espera a esperar ahí a tu madre, o a esperar a que alguna habitación se quede libre, ya que en esta dónde estás, Sara va a atender ahora a otra persona.
–Pe... Pero... ¿a la sala de espera? ¿Así desnudo?
A Carlos le tiembla la voz, no sabe si es por la total humillación de su desnudez, por el frío, o por seguir agitando las botellas.
–No tienes nada que esconder cariño, con ese pene tuyo que parece el de un bebe, y más así sin pelos. Ándale, sal ya. Cuando acabe Sara con esta señora vuelves aquí con ella.
–¿Al menos puedo dejar aquí las botellas para poder taparme?
–No, corazón, no puedes dejar de agitarlas a medias porque se echa a perder el bálsamo.
–Entonces tómenlas usted o Sara, por favor no me haga salir desnudo y sin poder taparme.
–Carlitos, nos estas retrasando el trabajo, ¿quieres que llame a tu madre para decirle eso?
–No, por favor, eso no.
–Entonces sal, ahora.
Carlos se limpia los ojos y va a la sala de espera, no quiere que aparte de verlo desnudo lo vean llorando.
Sale de la habitación sin ropa y agitando las botellas, con la mirada abajo, pues no se atreve a ver quien está ahí…
Sara estaba haciendo lo suyo cuando de pronto entra Celia y cierra la puerta tras de sí.
–Hija, ¿ya has acabado con Carlos?
–Sí, iba a llamar a su mamá.
–Que coincidencia, su madre me ha llamado que iba a ir al centro comercial a comprar unas cosas, y que Carlos la espere aquí.
Carlos, con la cara de nuevo totalmente roja, observa como ambas mujeres platican y hablan de él como si no estuviera, y que más le gustaría a él no estar, pero está.
Está ahí parado, completamente desnudo una vez mas y sin poder taparse, pues tiene ambas manos ocupadas agitando el liquido que le dio Sara.
Son dos botellas de litro, por lo que no puede tomar dos con una mano.
–Pero mama, Carlos está desnudo.
–Sí, ya lo vi, pues que se vista, ¡tonta! Jaja.
–Pero su madre se ha llevado su ropa.
–Ah... Pequeño problema... Voy a hablar con él.
Celia se acerca a Carlos y lo ve meneando las botellas.
–¿Tú le diste a agitar el nuevo bálsamo que recién nos llegó?
–Sí, pensé que mientras esperaba a su madre nos podría ayudar un poco con eso.
–¡Ay niña! Si serás... Para dejar bien mezclado ese bálsamo hay que agitar las botellas por 15min. Y yo no puedo ahora, ni tu tampoco, hay muchos clientes esperando.
–Lo siento mamá, yo no lo sabia...
–No le quedará otra más que seguirlas agitando... Oye Carlos, acabo de hablar con tu mamá y dijo que no está en casa, así que no podría traerte tu ropa.
–¿Qué? Pero entonces, ¿qué voy a hacer? ¿Me voy a quedar desnudo aquí hasta que regrese?
Las palabras apenas podían salir de la boca de Carlos, no podía creer cuan humillado estaba.
–No, cariño –responde Celia–. Sara y yo tenemos muchos clientes esperando y necesitamos todas las habitaciones.
–¿Entonces qué hacemos mamá? –pregunta Sara.
–Se tendrá que quedar en la sala de espera, además le acabo de ver de pie y no necesita ropa, no tiene nada que tapar con su mini pene, que según yo, ahora seguro que mide menos de 3cm. Como el de un bebé, ningún cliente se quejará, jaja.
–¡Oigan, sigo aquí! –brama Carlos
–No te rías mama, que luego erecto le crecerá como a todos... Supongo.
–Quizá, pero así está graciosísimo ¿no te parece? parece un pene de… 7 años, Jajaja.
–Señora, por favor no se burle –dice Carlos con los ojos llorosos e intentando juntar sus piernas para tapar su pene, pero no lo consigue.
–Carlos se que estas desnudo pero te tendrás que ir a la sala de espera a esperar ahí a tu madre, o a esperar a que alguna habitación se quede libre, ya que en esta dónde estás, Sara va a atender ahora a otra persona.
–Pe... Pero... ¿a la sala de espera? ¿Así desnudo?
A Carlos le tiembla la voz, no sabe si es por la total humillación de su desnudez, por el frío, o por seguir agitando las botellas.
–No tienes nada que esconder cariño, con ese pene tuyo que parece el de un bebe, y más así sin pelos. Ándale, sal ya. Cuando acabe Sara con esta señora vuelves aquí con ella.
–¿Al menos puedo dejar aquí las botellas para poder taparme?
–No, corazón, no puedes dejar de agitarlas a medias porque se echa a perder el bálsamo.
–Entonces tómenlas usted o Sara, por favor no me haga salir desnudo y sin poder taparme.
–Carlitos, nos estas retrasando el trabajo, ¿quieres que llame a tu madre para decirle eso?
–No, por favor, eso no.
–Entonces sal, ahora.
Carlos se limpia los ojos y va a la sala de espera, no quiere que aparte de verlo desnudo lo vean llorando.
Sale de la habitación sin ropa y agitando las botellas, con la mirada abajo, pues no se atreve a ver quien está ahí…
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Linzie_queen
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CHAPTER 7
Inmediatamente Carlos comienza a sentir las miradas de todos sobre él. Y no era para menos.
No todos los días ves salir desnudo a un chico de su edad con un pene tan pequeño, aunque Carlos aparentara menos edad.
La vergüenza no lo dejaba pensar, estaba completamente desnudo frente a un grupo de al menos 13 personas, y todas de edades diferentes.
Ni siquiera podía pensar en que es lo que pasaba por sus mentes. ¿Acaso se preguntarían, que hace un chico de su edad desnudo? O... ¿por qué ese pequeño esta agitando esas botellas en pelotas?
Ninguna de las opciones lo hacía sentirse mejor, por lo que simplemente se quedó parado en un rincón mientras seguida meneando las botellas.
De pronto, se escuchan algunas risillas, lo que obliga a Carlos a levantar la mirada...
Eran sin lugar a dudas, la quinceañera y sus amigas, quienes sumamente divertidas tomaban sus teléfonos y le sacaban fotos y vídeos al por mayor.
Todo era silencio a excepción de aquellas risas.
Carlos quería esconderse, pero no sabía cómo ni donde, por lo que decidió levantar las botellas a la altura de su cara y cubrirse un poco de las cámaras de esas niñas.
No podía ponerlo a la altura de su entrepierna o podría malinterpretarse, además, algunos roces de las botellas con su pene y de seguro tendría una erección, y no quería verse más humillado.
Aun así, las chicas ya habían sacado sus fotos con todo y su cara, y los vídeos en los que se veía su penecito dar brinquitos al compás de los movimientos de sus brazos.
Se sentía tan avergonzado que no se le ocurrió pedirle ayuda a alguien para que agitara las botellas.
Estaba sumido en sus pensamientos y su humillación, cuando de pronto escuchó la voz del niño pequeño, el de 7 años que iba acompañado por su hermano de 16.
–Oye hermano, ¿por qué ese niño está enseñando el pito?
–¡Jajajajaja! –rieron mas las quinceañeras.
La voz del niño resonó en toda la sala de espera, haciendo que todos los presentes prestaran aún más atención al pito de Carlos.
–Shhht... –El hermano mayor calló al más pequeño.
–Pero hermano, ¿por qué su pito es tan chiquito? Es más chiquito que el mío.
Carlos no lo podía creer, ¿en serio tenía el pene aun más pequeño que el de un niño de 7?
Carlos ya no aguantaba más, su cara estaba rojísima y su pene y testículos aun mas encogidos por el frío.
Cuando pensó que ya no podría ponerse peor, escuchó el sonido de la cámara de un celular, pero no provenía de las quinceañeras, este venia de justo a un lado suyo.
Él se encontraba casi al lado de la pareja de novios de 22 años, no porque así lo haya querido, pero ese rincón en el que estaba era hasta ese momento, el mejor lugar para no estar totalmente exhibido frente a todos.
La chica que sacó la foto, simplemente expresó un "ups", y le dijo a su novio que creía que lo había puesto en silencio.
Ella le había tomado una foto a Carlos en primer plano, totalmente desnudo e indefenso.
Descaradamente tomó su móvil, y junto a su novio, vieron como había quedado la foto que le acababan de tomar a Carlos, a quien rápidamente se le cansaron los brazos y tuvo que bajarlos.
Entonces todos pudieron ver su cara, infinitamente roja por la vergüenza y la humillación.
Justo en ese instante, la chica volvió a sacar otra foto y muy sonriente guardó su móvil.
No sin antes hacerle un breve comentario a su novio por el tamaño del pene de Carlos.
–Se parece al de tu hermanito, jaja –susurró ella, pero Carlos lo escuchó perfectamente.
Pero eso no fue lo único que los oídos de Carlos percibieron.
–Está bien, pero hazlo rápido. –Escuchó decir al hombre de 40 años.
Aquel hombre que iba acompañado por quien Carlos pensaba que era su hija, pero las acciones de la chica le hicieron pensar otra cosa.
Luego de las palabras del hombre, la chica de 20 años sacó su celular y Carlos claramente pudo notar cómo le sacaba varias fotos, 1, 2, 3, 6, 10, 15, quizás más...
Tan solo para rematar con un comentario.
–Awww... Míralo –dijo señalando el móvil–, ojalá nuestro hijo sea tan tierno como él.
Carlos se sentía derrotado, todos en la sala lo habían visto desnudo cuanto querían, de todo a todo y con movimientos de pene incluidos, y todo por menear esas estúpidas botellas.
De pronto, sus ojos se abrieron como platos al percatarse de algo, no solo las quinceañeras y las otras dos chicas le sacaban fotos, ahora todos en la sala de espera lo hacían.
De una manera totalmente descarada tomaron sus móviles y sacaron cuantas fotos les permitían sus teléfonos.
Incluso el chico de 16 que antes había callado a su hermano, ahora le tomaba fotos, igualmente las mujeres de 30 años, ambas con sus móviles apuntando directamente a Carlos.
El pobre de Carlitos solo estaba esperando que la señora que estaba con Sara terminara su cita para entrar.
–Oye chico, creo que sería mejor para ti si fueras a esa otra estética –dice una de las quinceañeras.
Carlos miró en la dirección que señalaba la chica pero solo vio la calle.
–¡Sí, a la estética de los pequeñines! –exclamó otra chica.
–JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –la sala estalló en carcajadas.
–Mejor a la choza de los micro… ¡pequeñines! –bromeó otra.
–JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –vuelven todos a reír.
Y de repente, ahí estaba, Carlos nunca había visto cosa tan gloriosa, la señora salió e inmediatamente volteo a ver a Carlos, pero no le importó mucho, pues verla salir significaba que podía entrar a la habitación y dejar de estar al descubierto.
Tras la señora, Sara sale y le dice a Carlos que pase a la habitación para estar más tapado.
Carlos inmediatamente entra y Sara cierra la puerta.
–Ya puedes dejar de agitarlas Carlos, muchísimas gracias –dice Sara.
–¿Ya? Pero... ¿cuánto tiempo estuve afuera?
–Como 25 minutos.
–¡¿Qué?! ¡¿25 minutos?!
Carlos intenta calmarse y deja las botellas en una mesa, se sienta en una silla y se tapa su pene de la vista de Sara.
En ese momento entra Celia a la habitación y le dice a Sara que ella terminará con los clientes que quedan, que se quede con Carlos a hacerle compañía en lo que regresa su madre.
Sara accede y los dos chicos se quedan solos en la habitación.
–Siento lo de tu ropa... Y... Lo que tuviste que pasar ahí afuera... –Sara se disculpa.
–Gracias –responde Carlos resignado.
Pasan los minutos y antes de que se lo esperaran, la madre de Carlos vuelve a la clínica y entra para preguntarles que quieren para comer.
–Lo que sea mamá, pero antes, ¿trajiste mi ropa? –pregunta Carlos.
–No, Carlos, la he dejado en la casa, pero ya tenemos todo listo, tú y Sara irán atrás en el coche y su madre y yo adelante.
–Mamá, estoy desnudo, ósea, me niego.
–Mira Carlos, ahora mismo no te quedan muchas opciones, que Celia ya terminó con los clientes y va a cerrar la clínica. Además ahora así depilado pareces lo que eres, un niño pequeño, cuando te crezca el pito al de un adulto, te trataré como tal.
–No voy a salir desnudo.
–Bueno, entonces te quedas aquí encerrado, sin comida durante toda la semana que estaremos en la playa, solo bebe agua de la llave y estarás bien.
–Pero... ¿una semana? ¿No es mucho tiempo? Recuerda que tengo escuela.
–Sí, pero ya le avisé a tu maestra que faltarás toda la semana, y para verificar que estoy diciendo la verdad y que estarás conmigo, le he dicho que le mandaré fotos de vez en cuando.
–¡¿Qué?! ¡¿Fotos de mí, en la playa?! ¡Pero no empacaste bañadores para mí!
–Ay ya, Carlos, era la única manera de que ella te dejara ir.
–Pues prefiero quedarme aquí encerrado en lugar de que me saques fotos desnudo y que las vea mi maestra.
–¿Ah, sí? Pues esta es la primera.
*Clic*
Clara le saca una foto a Carlos mientras él seguía sentado y desnudo, cubriendo su entrepierna con sus manos.
–¡¡¡Mamá!!! –grita Carlos.
–Haz lo que te digo o esta foto no solo la tendrá tu maestra, todo tu grupo te va a ver las miserias.
–Está bien, ya me salgo... Pero... Es la calle.
–Son solo como cinco metros de la puerta de la estética a donde dejé estacionado el coche, si corres rápido nadie te verá.
–De acuerdo, pero vámonos ya.
Clara y Celia salen de la clínica con sus respectivos hijos.
Celia cierra la clínica y en ese momento, Carlos se queda desnudo en plena calle…
Inmediatamente Carlos comienza a sentir las miradas de todos sobre él. Y no era para menos.
No todos los días ves salir desnudo a un chico de su edad con un pene tan pequeño, aunque Carlos aparentara menos edad.
La vergüenza no lo dejaba pensar, estaba completamente desnudo frente a un grupo de al menos 13 personas, y todas de edades diferentes.
Ni siquiera podía pensar en que es lo que pasaba por sus mentes. ¿Acaso se preguntarían, que hace un chico de su edad desnudo? O... ¿por qué ese pequeño esta agitando esas botellas en pelotas?
Ninguna de las opciones lo hacía sentirse mejor, por lo que simplemente se quedó parado en un rincón mientras seguida meneando las botellas.
De pronto, se escuchan algunas risillas, lo que obliga a Carlos a levantar la mirada...
Eran sin lugar a dudas, la quinceañera y sus amigas, quienes sumamente divertidas tomaban sus teléfonos y le sacaban fotos y vídeos al por mayor.
Todo era silencio a excepción de aquellas risas.
Carlos quería esconderse, pero no sabía cómo ni donde, por lo que decidió levantar las botellas a la altura de su cara y cubrirse un poco de las cámaras de esas niñas.
No podía ponerlo a la altura de su entrepierna o podría malinterpretarse, además, algunos roces de las botellas con su pene y de seguro tendría una erección, y no quería verse más humillado.
Aun así, las chicas ya habían sacado sus fotos con todo y su cara, y los vídeos en los que se veía su penecito dar brinquitos al compás de los movimientos de sus brazos.
Se sentía tan avergonzado que no se le ocurrió pedirle ayuda a alguien para que agitara las botellas.
Estaba sumido en sus pensamientos y su humillación, cuando de pronto escuchó la voz del niño pequeño, el de 7 años que iba acompañado por su hermano de 16.
–Oye hermano, ¿por qué ese niño está enseñando el pito?
–¡Jajajajaja! –rieron mas las quinceañeras.
La voz del niño resonó en toda la sala de espera, haciendo que todos los presentes prestaran aún más atención al pito de Carlos.
–Shhht... –El hermano mayor calló al más pequeño.
–Pero hermano, ¿por qué su pito es tan chiquito? Es más chiquito que el mío.
Carlos no lo podía creer, ¿en serio tenía el pene aun más pequeño que el de un niño de 7?
Carlos ya no aguantaba más, su cara estaba rojísima y su pene y testículos aun mas encogidos por el frío.
Cuando pensó que ya no podría ponerse peor, escuchó el sonido de la cámara de un celular, pero no provenía de las quinceañeras, este venia de justo a un lado suyo.
Él se encontraba casi al lado de la pareja de novios de 22 años, no porque así lo haya querido, pero ese rincón en el que estaba era hasta ese momento, el mejor lugar para no estar totalmente exhibido frente a todos.
La chica que sacó la foto, simplemente expresó un "ups", y le dijo a su novio que creía que lo había puesto en silencio.
Ella le había tomado una foto a Carlos en primer plano, totalmente desnudo e indefenso.
Descaradamente tomó su móvil, y junto a su novio, vieron como había quedado la foto que le acababan de tomar a Carlos, a quien rápidamente se le cansaron los brazos y tuvo que bajarlos.
Entonces todos pudieron ver su cara, infinitamente roja por la vergüenza y la humillación.
Justo en ese instante, la chica volvió a sacar otra foto y muy sonriente guardó su móvil.
No sin antes hacerle un breve comentario a su novio por el tamaño del pene de Carlos.
–Se parece al de tu hermanito, jaja –susurró ella, pero Carlos lo escuchó perfectamente.
Pero eso no fue lo único que los oídos de Carlos percibieron.
–Está bien, pero hazlo rápido. –Escuchó decir al hombre de 40 años.
Aquel hombre que iba acompañado por quien Carlos pensaba que era su hija, pero las acciones de la chica le hicieron pensar otra cosa.
Luego de las palabras del hombre, la chica de 20 años sacó su celular y Carlos claramente pudo notar cómo le sacaba varias fotos, 1, 2, 3, 6, 10, 15, quizás más...
Tan solo para rematar con un comentario.
–Awww... Míralo –dijo señalando el móvil–, ojalá nuestro hijo sea tan tierno como él.
Carlos se sentía derrotado, todos en la sala lo habían visto desnudo cuanto querían, de todo a todo y con movimientos de pene incluidos, y todo por menear esas estúpidas botellas.
De pronto, sus ojos se abrieron como platos al percatarse de algo, no solo las quinceañeras y las otras dos chicas le sacaban fotos, ahora todos en la sala de espera lo hacían.
De una manera totalmente descarada tomaron sus móviles y sacaron cuantas fotos les permitían sus teléfonos.
Incluso el chico de 16 que antes había callado a su hermano, ahora le tomaba fotos, igualmente las mujeres de 30 años, ambas con sus móviles apuntando directamente a Carlos.
El pobre de Carlitos solo estaba esperando que la señora que estaba con Sara terminara su cita para entrar.
–Oye chico, creo que sería mejor para ti si fueras a esa otra estética –dice una de las quinceañeras.
Carlos miró en la dirección que señalaba la chica pero solo vio la calle.
–¡Sí, a la estética de los pequeñines! –exclamó otra chica.
–JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –la sala estalló en carcajadas.
–Mejor a la choza de los micro… ¡pequeñines! –bromeó otra.
–JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA –vuelven todos a reír.
Y de repente, ahí estaba, Carlos nunca había visto cosa tan gloriosa, la señora salió e inmediatamente volteo a ver a Carlos, pero no le importó mucho, pues verla salir significaba que podía entrar a la habitación y dejar de estar al descubierto.
Tras la señora, Sara sale y le dice a Carlos que pase a la habitación para estar más tapado.
Carlos inmediatamente entra y Sara cierra la puerta.
–Ya puedes dejar de agitarlas Carlos, muchísimas gracias –dice Sara.
–¿Ya? Pero... ¿cuánto tiempo estuve afuera?
–Como 25 minutos.
–¡¿Qué?! ¡¿25 minutos?!
Carlos intenta calmarse y deja las botellas en una mesa, se sienta en una silla y se tapa su pene de la vista de Sara.
En ese momento entra Celia a la habitación y le dice a Sara que ella terminará con los clientes que quedan, que se quede con Carlos a hacerle compañía en lo que regresa su madre.
Sara accede y los dos chicos se quedan solos en la habitación.
–Siento lo de tu ropa... Y... Lo que tuviste que pasar ahí afuera... –Sara se disculpa.
–Gracias –responde Carlos resignado.
Pasan los minutos y antes de que se lo esperaran, la madre de Carlos vuelve a la clínica y entra para preguntarles que quieren para comer.
–Lo que sea mamá, pero antes, ¿trajiste mi ropa? –pregunta Carlos.
–No, Carlos, la he dejado en la casa, pero ya tenemos todo listo, tú y Sara irán atrás en el coche y su madre y yo adelante.
–Mamá, estoy desnudo, ósea, me niego.
–Mira Carlos, ahora mismo no te quedan muchas opciones, que Celia ya terminó con los clientes y va a cerrar la clínica. Además ahora así depilado pareces lo que eres, un niño pequeño, cuando te crezca el pito al de un adulto, te trataré como tal.
–No voy a salir desnudo.
–Bueno, entonces te quedas aquí encerrado, sin comida durante toda la semana que estaremos en la playa, solo bebe agua de la llave y estarás bien.
–Pero... ¿una semana? ¿No es mucho tiempo? Recuerda que tengo escuela.
–Sí, pero ya le avisé a tu maestra que faltarás toda la semana, y para verificar que estoy diciendo la verdad y que estarás conmigo, le he dicho que le mandaré fotos de vez en cuando.
–¡¿Qué?! ¡¿Fotos de mí, en la playa?! ¡Pero no empacaste bañadores para mí!
–Ay ya, Carlos, era la única manera de que ella te dejara ir.
–Pues prefiero quedarme aquí encerrado en lugar de que me saques fotos desnudo y que las vea mi maestra.
–¿Ah, sí? Pues esta es la primera.
*Clic*
Clara le saca una foto a Carlos mientras él seguía sentado y desnudo, cubriendo su entrepierna con sus manos.
–¡¡¡Mamá!!! –grita Carlos.
–Haz lo que te digo o esta foto no solo la tendrá tu maestra, todo tu grupo te va a ver las miserias.
–Está bien, ya me salgo... Pero... Es la calle.
–Son solo como cinco metros de la puerta de la estética a donde dejé estacionado el coche, si corres rápido nadie te verá.
–De acuerdo, pero vámonos ya.
Clara y Celia salen de la clínica con sus respectivos hijos.
Celia cierra la clínica y en ese momento, Carlos se queda desnudo en plena calle…
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